Zona de Strikes: Roberto Espino, un líder que impacta con su ejemplo

Roberto Espino fue un destacado jugador del Bóer, que no solo impactó con sus logros en el terreno de juego, sino con su sencillez y verguenza deportiva

Detrás de esa apariencia de fragilidad y de esa actitud de alguien casi intimidado que ahora muestra Roberto «Bobby» Espino, antes hubo un atleta de primer nivel y aún hay un exjugador con excelente sentido del humor.
“En mis tiempos se jugaba por amor”, dice Espino. Y tras una pausa él mismo agrega: “a los reales”. “Metés a Nemesio Porras, Ramón Padilla y Orlando Ocampo en una licuadora y no sale un ‘Bobby’”, les decía a esos jugadores en sus días como coach en el Bóer.
Y sin embargo, Espino ha sido siempre una persona muy humilde, que además jugó siempre con mucho amor, al punto de haber sido el símbolo del Bóer hasta antes de la llegada de Nemesio Porras a ese plante en 1986.
Uno de los rasgos más visibles en el “Bobby” fue su respeto por el juego. «Vergüenza deportiva», lo llama él. Y también se  apreció su cercanía con los aficionados. En los días en los cuales el Bóer dominó el beisbol nacional a finales de los setenta, Espino era su figura.
Una vez en 1977, la Selección Nacional perdió un partido de fogueo por tres errores de Espino y él llorando devolvió el uniforme. Tuvo que ir el entrenador Tony Castaño a su casa a convencerlo de volver al equipo.
Afectado por lesiones, Espino jugó en parte de 15 temporadas a nivel local. Su promedio al bate fue de .303, con 1,013 hits conectados, de ellos 75 cuadrangulares, con 484 carreras impulsadas. En 1977 dio disparó 18 jonrones. En 1978 llegó a 19 toletazos.
Es uno de los cinco nicas que ha sido campeón bate en un Mundial. Lo logró en Italia en 1978 con .500 (32-16). Superó a los cubanos a Luis Giraldo Casanova (.444) y Fernando Sánchez (.432).
También brilló en la tropa nica que capturó medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Caracas en 1983. Bateó .375 (32-12) y fue el líder de un equipo que se levantó de un desastre en Bélgica, hasta quedar segundo en Venezuela.
Y debe decirse, que cuando fue a Caracas en 1983, él estaba fuera del beisbol por lesiones y Noel Areas le hizo una invitación al equipo y le resultó una genialidad por el aporte que le proporcionó a un equipo que obró un milagro.
Espino podía jugar en cualquier parte del infield, desde el shortstop donde inició, la segunda o la tercer como lo hizo en Italia y la primera base, donde terminó en 1987, cuando se lo hizo un gran retiro en el Estadio Nacional, pero luego lo convencieron y regresó.
Fue el azote del estelar lanzador leonés Julio Moya. Donde lo encontraba le daba duro. Un día el «Bobby» le bateó de 3-3 y en el cuarto turno sacó una línea que asustó a Moya, porque casi le pega en el hombro… “No te basta con batearme, parece me querés matar, no jodás”, le gritó Moya.
«Es cierto, debo reconocer que Espino me bateaba como quería, pero yo dominaba a todos los otros ocho bateadores del Bóer y casi siempre les ganaba», se consuela Moya.
Así que ese «Bobby» ahora tan diminuto a sus 66 años, fue una fiera en el homeplate y un jugador de los más queridos por los fanáticos de Managua. Fue un líder que impactó con su ejemplo, que jamás hirió a nadie con sus palabras y que respetó el juego.
Ahora es mánager en Nueva Segovia, donde tiene motivado a un equipo sin necesidad de gritarle.
Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR
 

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